Dilemas de la Ingeniería Peruana

Lima.- El 8 de junio es el día del ingeniero. En ese día, el  Colegio de ingenieros del Perú cumple 55 años desde su creación legal en 1962 y  treinta años desde su propia ley de descentralización. Dicha ley lo estructura  en 28 sedes  departamentales, que al 25 de mayo reúnen  a 202,653 integrantes  de 31 especialidades presentes  en todo el país y  agrupadas en 19 grandes capítulos,

El CIP constituye una institución que se cuenta entre los tres principales colegios profesionales del Perú, junto con los maestros y los profesionales de la salud. Y, en que todas las regiones están representadas en balanceada proporción a sus integrantes, siendo que el Consejo de Lima Metropolitana agrupa a 4 de cada diez ingenieros colegiados.

Un quinto del total de los colegiados pertenecen a la especialidad de Ingeniería civil, estrechamente vinculada a la infraestructura física, la hidráulica, el cálculo de las estructuras, los modos de atención a las necesidades de vivienda y construcción, el ordenamiento territorial junto a las tareas de planeación que acomete con la ingeniería sanitaria y ambiental, y las mecánicas y eléctricas.

Las especialidades vinculadas a nuevos servicios crecen rápidamente en los últimos tres decenios en que el número de colegiados aumenta casi cinco veces, hay tendencias incrementales fuertes en la ingeniería industrial, metalúrgica, química de producción, ingeniería de sistemas ciencias de materiales y de transportes, actualmente algo más del 15% del total de  los códigos del padrón.

Por supuesto que las ingenierías fundadoras y clásicas conservan su gran relevancia  en las ramas que producen energía y conducen  redes de distribución, energías de fuente hídrica, fósiles, los  hidrocarburos, gas, petróleo y petroquímica o las nuevas fuentes renovables del sol, viento, mareas, nucleares. Biodigestores.

Y la ingeniería del piso agrario, agronómica, agrícola, forestal, cultivos y crianzas, es claramente gravitante en nuestro territorio de arrugada geografía que tiene repertoriados 84 microclimas en centenares de pisos y microambientes andinos y amazónicos,
El Colegio de ingenieros es una institución democrática que se autogobierna por su propio Estatuto, lo hace  mediante  representantes elegidos con igual deber y derecho, entre los propios ingenieros que concurren a  elecciones periódicas, votan en sufragio universal, directo y secreto y ejercen su derecho a elegir y ser elegidos,  eso desde más de medio siglo.

Los representantes delegados provienen de experiencias de gobierno que comienzan en  los comités territoriales, los  consejos departamentales  y los capítulos de especialidad y culminan en la máxima instancia  como integrantes del Consejo Nacional.
Actualmente a título de calificado ejemplo, nuestro Decano Nacional es el ingeniero civil Jorge Alva Hurtado, PhD del MIT, Rector de la UNI, uno de los primeros especialistas internacionales en previsión de riesgos de desastres. Antes fue presidente de capítulo, directivo del Consejo departamental de Lima y Vice Decano Nacional.

Grandes retos enfrentan los ingenieros en esta coyuntura. Primero los riesgos que provienen del cambio climático global  sobre la infraestructura en el territorio. Y de los otros, a resultas de la hondura de la crisis ética y moral que agobia al país y que provienen de la inadecuada concepción e intervención de nuestras instituciones en la gestión de los recursos naturales y materiales.

Los efectos a repetición de los primeros riesgos están a la vista; Corriente costera de Humboldt o Niño Costero traen vientos y corrientes contrasentido, calentamiento de las aguas, inundaciones, lluvias, desborde de los ríos, huaycos, efectos geodinámicas incontrolables de las rocas en zonas de pendiente, quebradas y cuencas, destrucción de vías, puentes, carreteras, obras de arte,  afectación de las viviendas urbanas y  periurbanas,  destrucción de muros, techos, laterales, perdida de mobiliario urbano, perdida de patrimonio cultural, destrucción de la superficie cultivable, afectación de cultivos permanentes, sequias en la sierra alta, friaje, bajas temperaturas y la lista es extensa, incluye camposantos.

Trae, por lo demás, enfermedades provenientes de las aguas estancadas como el dengue, la chiquinguya, la malaria, enfermedades respiratorias y de deshidratación agudas, padecimientos dérmicos e infecciones por  la ruptura de la infraestructura del ciclo normal de  tratamiento del agua y los residuales, al carecerse de plantas de potabilización y tratamiento de residuos sólidos.

¿Quien debiera atender a estos impactos estremecedores de la fuerza de la naturaleza? La ingeniería que agrega de modo multidisciplinario a  los distintos saberes y experiencias de los ingenieros, en respuestas especializadas, lo que se reclama en el diseño y programación de los proyectos y la ejecución rápida de las operaciones en obras predefinidas y regulables de prevención y emergencia, que no descarta la participación de las poblaciones y personas afectadas.

Grave dilema. A lo largo de los noventa, la impronta del gobierno de turno fue desarmar la ingeniería peruana y a sus instituciones. Despojarla de su auto gravamen para desarrollar sus funciones. Luego erosionarle hasta el hueso sus atribuciones de control y registro de los proyectos y edificaciones en ámbitos locales y provinciales.  Quedaron para la gran obra solo empresas y febles regulaciones de control bajo el pretexto del destrabe y la priorización de la inversión. Hoy las principales empresas de la ingeniería que debieran convocarse en la reconstrucción de nuestro país hacen cola frente al mostrador de la fiscalía para declarar sobre su conducta corrupta en grandes proyectos públicos, solas, casi nunca, o en alianza subordinada con las grandes firmas extranjeras, tipo los baratas del Brasil.

¿Qué hacer?: Una solución que se ha discutido en un reciente foro de ingenieros es que la justicia peruana establezca una modalidad de continuidad de los trabajos de ingeniería bajo administración judicial provisional de las empresas y de sus activos empresariales mientras duren las investigaciones del ministerio público y los procuradores encargados establezcan las dolorosas responsabilidades. Hay otras propuestas evocadas desde el recuerdo de las tempranas experiencias de la posguerra europea del 45, en que las firmas y personas que colaboraron con el enemigo debieron pagar sanciones equivalentes a sus graves responsabilidades. Otras posibilidades pueden abrirse a partir del consejo de nuestra ingeniería institucional.

 

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