El mal de la corrupción en el Perú

¿Qué hace al Perú un país siempre propenso a caer en el nefando pecado de la corrupción? El sabio Hipólito Unanue llegó a culpar de nuestra tibieza moral al clima de Lima: demasiado suave y cálido, sin los rigores que templarían el carácter de los hombres; un aire húmedo y sensual que transmitía su blandura a los principios que guiaban nuestra conducta. En este país, “donde se aplica el dedo, brota la pus”, fue la frase lapidaria de Manuel González Prada en las postrimerías del siglo XIX.

Eran los años de la posguerra del salitre, cuando la ruina económica del Estado impedía cualquier obra pública, pero se venía negociando el reconocimiento de la deuda externa impaga con los ingleses y se recelaba con amargura del caudaloso y corrupto río de millones que corrió durante los años del guano y el salitre, que el poeta Arnaldo Márquez calificó como de “orjía financiera”.

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